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"LAUDATO SI', mi' Signore" - "La Encíclica toma su nombre de la invocación de San Francisco de Asís: "Laudato si', mi' Signore" que en el Cántico de las Criaturas recuerda que la tierra, nuestra casa común, "es también como una hermana, con la que compartimos la existencia, y como una hermosa madre que nos acoge en sus brazos". La referencia a San Francisco es una invitación a mirar al "pobre de Asís" como fuente de inspiración. Es "el ejemplo por excelencia del cuidado de lo débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. [...] En él vemos hasta qué punto la preocupación por la naturaleza, la justicia hacia los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior son inseparables".

 

 

Puoi trovare il volume sull'enciclica direttamente sul sito della  Libreria editrice Vaticana

La Encíclica en breve

Dividida en seis capítulos, la Encíclica recoge diversas reflexiones de las Conferencias Episcopales del mundo y concluye con dos oraciones, una interreligiosa y otra cristiana, por la salvaguarda de la Creación.

 

Nuestra maltratada y expoliada tierra reclama una "conversión ecológica", un cambio de rumbo para que el hombre asuma el compromiso de cuidar la casa común. Este compromiso también se refiere a la erradicación de la pobreza, la atención a los pobres y el acceso equitativo de todos a los recursos del planeta. Todas las personas de buena voluntad están invitadas a convertirse en intérpretes de una "auténtica ecología humana", una ecología integral capaz de incidir en "las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente".

 

Los males que sufre la tierra hoy en día son muchos. Además de la contaminación, la "cultura del descarte" transforma la nuestra tierra "en un inmenso depósito de porquería". Incluso "el cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas", al igual que el acceso al agua potable, que debe ser protegido como un "derecho humano básico", enraizado en la dignidad inalienable del hombre. La pérdida de biodiversidad, con la desaparición de miles de especies animales y vegetales, es otra de las lacras de nuestro Planeta, que soportarán sobre todo nuestros hijos.

 

Por eso es urgente comprender que el medio ambiente es un don colectivo, patrimonio de toda la humanidad, una herencia común que hay que administrar con responsabilidad y no destruir: el relato bíblico de la Creación "enseña que cada ser humano es creado por amor, hecho a imagen y semejanza de Dios ", y que cada criatura tiene su propia función, ninguna es superflua.

 

Pero también es necesario reconocer que la crisis ecológica tiene una raíz humana, y que es urgente repensar el paradigma tecnocrático dominante. Aunque "la ciencia y la tecnología son un maravilloso producto de la creatividad humana donada por Dios,  [...] no podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido nos dan un tremendo poder". Hoy en día, "La economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito. [...] Las finanzas ahogan a la economía real" y no se entiende que "el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social". Por esta razón, "el ser humano y las cosas han dejado de tenderse amigablemente la mano para pasar a estar enfrentados. De aquí se pasa fácilmente a la idea de un crecimiento infinito o ilimitado". Esto "Supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a «estrujarlo» hasta el límite y más allá del límite".

 

Es evidente que "el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos, y de la relación de cada persona consigo misma". De hecho, "no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental". El concepto de ecología integral, de hecho, "es inseparable de la noción de bien común", y por ello debe implicar también a la política, la economía, las finanzas y la tecnología para renovarlas, reconociendo en cada ámbito la centralidad de la persona humana, y debe inspirar comportamientos de solidaridad con "opción preferencial por los más pobres.".

 

Una "ecología social" requiere sistemas institucionales que se responsabilicen del sufrimiento de la población y se protejan de las formas de ilegalidad. Si "el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta", entonces "no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres". Incluso hay que defender la dignidad del trabajo, que es "parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal.": "Dejar de invertir en las personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad". 

 

Una "ecología cultural" promueve"el cuidado de las riquezas culturales de la humanidad" y pide que se preste "atención a las culturas locales a la hora de analizar cuestiones relacionadas con el medio ambiente". "La desaparición de una cultura puede ser tanto o más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal. La imposición de un estilo hegemónico de vida ligado a un modo de producción puede ser tan dañina como la alteración de los ecosistemas".

 

La ecología integral debe, por tanto, inspirar un nuevo paradigma de justicia y conducir a una redefinición del concepto de progreso, que debe estar vinculado a una mejora real de la calidad de vida de las personas. Un compromiso renovado en materia de educación puede dar lugar a nuevos estilos de vida, de producción y de consumo: "La sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora" y "La felicidad requiere saber limitar algunas necesidades que nos atontan".

 

En última instancia, lo que se necesita es una gobernanza mundial que se ocupe de los bienes comunes globales, y "una nueva economía más atenta a los principios éticos", una "una nueva regulación de la actividad financiera especulativa" y un ritmo más lento de producción y consumo.

 

Una "conversión ecológica" puede llevar a reconocer el mundo "como un don recibido del amor del Padre", y a avanzar hacia un "crecimiento con sobriedad". La ecología integral requiere "una actitud del corazón".